Transplantes

Aunque sea más laborioso, yo soy partidario de transplantar cada planta varias veces, utilizando cada vez una maceta no mucho mayor que la anterior. Por varias razones, que expongo a continuación:

La primera es que puedo plantar muchas más semillas para poder elegir entre ellas las que serán las finalistas. Gastando poca tierra y ocupando poco sitio, con macetas pequeñas poco pesadas y fácilmente transportables.

Igualmente puedo mantener las plantas nacidas de semillas regulares (las de siempre, de las que salen machos y hembras) en esas pequeñas macetas y con poco gasto de tierra hasta que identifico los machos, que elimino o bien confirmo que son hembras y se ganan el transplante.

Si te has fijado en como se distribuyen las raíces, habrás observado que abundan más en el fondo y en las paredes del tiesto que en el centro del cepellón. Parece que no se aproveche tan bien la tierra por la parte más interna. Una forma de obtener plantas con raíces más fuertes y compactas es crear varias “capas” de raíz haciendo varios transplantes, siempre a una maceta no mucho mayor.

Otra ventaja añadida es que, de esta forma, si la tierra se reseca demasiado rápido y la planta lo está pidiendo, siempre tendrás la posibilidad de pasar a una maceta mayor, cosa que no podrías hacer si plantas directamente en la maceta definitiva. Puedes incluso ausentarte con algo menos de preocupación unos pocos días en verano si antes haces un transplante: la tierra nueva absorberá más agua y le permitirá aguantar más hasta el próximo riego que si lleva tiempo en esa maceta y la tierra ya está más agotada.

Cuando lo haces así, sueles obtener plantas más bajas y discretas, pero con el mismo número de ramas y menor distancia entre nudos (recordemos que el trozo de tronco que hay entre nudo y nudo no se fuma) que si las comparásemos con la misma variedad puesta directamente en la maceta definitiva.

 
transplantes
 

Cuando transplantes, que sea una operación rápida y limpia. Conviene tenerlo todo preparado: la nueva maceta, en la que habrás introducido la anterior (o una vacía de idénticas medidas) para calcular la altura de tierra que pondrás en la base de la nueva maceta. La pones. Coge la planta. ¿Listo? Invierte la maceta (si es pequeña), protegiendo el tallo entre tus dedos anular y corazón, para sacarla de su maceta actual. Si es más grande, estira de la base del tallo si este es leñoso y la maceta demasiado pesada para invertirla, levanta la planta a pulso mientras aguantas la maceta.

La cepa de raíces ha de salir entera y fácilmente: si no es así, si se desmorona en terrones de tierra, aún no era el momento de transplantar. Pase lo que pase, has de intentar que las raíces no queden mucho tiempo expuestas a la luz solar directa.

La alojas en la nueva maceta, centrándola y rellenando rápidamente los huecos laterales con tierra, de forma compacta pero sin apretar, hasta que se ponga a nivel. Después de barrer, conviene regar con un estimulador de las raíces. Si todo se ha hecho bien, en pocos días se retomará un vigoroso crecimiento.