Sexo en junio

Esto va sobre sexo, pero del de la marihuana.

Es una planta dioica, es decir, tiene sexos diferenciados en plantas distintas, macho y hembra. De ahí el “bis” en cannabis. Las hembras son las que nos interesan y los machos (excepto para el caso de crianza de semillas), simplemente una molestia indeseable. El buen cultivador busca detectar tan precozmente como sea posible los machos para eliminarlos antes de su madurez, impidiendo así que se abran las flores macho, “bolitas” que contiene los sacos de polen que, arrastrado por el viento, llega a los “pelitos” de las flores de la hembra, para fecundarlas y dar lugar a semillas, los llamados cañamones. La marihuana más apreciada para usos medicinales o lúdicos son los cogollos secos de la llamada “sinsemilla”, es decir, las agrupaciones de flores en hembras no fecundadas (“vírgenes”, podríamos decir) por su mayor contenido en resina (resina que segrega la planta para mantener viables y fértiles el mayor tiempo posible las flores hembra, a la espera del polen del macho que las fecunde) rica en principios activos como los cannabinoides (THC, CBD, CBN y otros), que hace que los cogollos sean más potentes y más fáciles de utilizar por la ausencia de semillas (que dicho sea de paso son de lo más nutritivo y saludable, pero no psicoactivas, es decir, NO contienen droga y además son desagradables al gusto y olfato si se fuman). Así pues, el buen cultivador procurará detectar y eliminar los posibles machos entre sus plantas, NO sólo para obtener un mejor producto en SU cosecha, sino para NO arruinar las de OTROS cultivadores. Incluso si sólo la cultivamos por su valor ornamental, hay que ser cívico y tener presente que el polen de nuestro macho puede viajar muchos kilómetros hasta alcanzar y fecundar las plantas del vecino. Cultivando en exterior es casi imposible conseguir plantas hembra totalmente desprovistas de cañamones, pero cuantos menos haya, mejor será el resultado, dado que la planta al ser fecundada cambia sus prioridades y gasta su energía no en la producción de resina sino en la de semillas. Y queremos mucha resina y ninguna semilla.

Así pues, el buen cultivador inspeccionará sus plantas con frecuencia, sobre todo desde el mes de vida en busca de signos tempranos de diferenciación sexual: las llamadas preflores, signo de “pubertad” en la planta. Estas son pequeñas y se han de buscar en los nudos, las intersecciones del tallo principal con las ramas. Tienen la forma de:

  • Una bota de vino (cáliz) de cuya boca salen dos pelitos (pistilos, generalmente blancos, pueden ser de otro color pero nunca son verdes) en el caso de la hembra ♀, y
  • Una pequeña alcachofa o garra o como el as de picas ♠ de la baraja de póquer, que al madurar acaba siendo una bolita colgante (que contiene cinco sacos de polen que NO debemos dejar que lleguen a abrirse) en el caso del macho ♂.

Así te será más fácil recordarlo: el macho tiene bolitas; la hembra tiene pelitos.

 

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Al principio es fácil equivocarse. Antes de arrancar una planta, si dudas, ven a Isinoff y te mostraré fotos y te haré dibujos hasta que adquieras seguridad en el sexado.

 

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Una vez seguros de haber identificado correctamente un macho, sin dudas ni despedidas ni compasión ninguna se arranca y tira al contenedor de reciclaje de materia orgánica. El espacio que deje libre y los cuidados que no necesitará, se los dedicaremos a las hembras, transplantando estas si es necesario a contenedores mayores. Si nos han quedado muy pocas hembras, estamos a tiempo de plantar más, que serán más pequeñas en el momento de la cosecha al haber crecido durante menos tiempo.

Recuerda que si no lo has hecho, no es tarde para plantar. Tampoco lo será el mes que viene.