Mayo, raíces y riego

Mayo, el mes de María.

Podemos plantar (si aún no lo hemos hecho) o seguir cuidando de lo plantado. En ambos casos, es de lo más recomendable añadir un activador de las raíces al agua de riego (o al depósito de la solución nutritiva, si fuera un cultivo de los llamados hidropónicos) para fortalecer las raíces de nuestras plantas. Las raíces fuertes y profundas nos darán una planta más grande, sana y vigorosa, sin problemas, capaz de alimentarse mejor por sí misma. Todo el cuidado y atención que le dispenses a esa parte subterránea (que no vemos más que al transplantar, no aprovechamos y en la que no solemos ni pensar) revertirá en mayor producción y calidad de los frutos obtenidos más tarde en la parte aérea: los cogollos.

Las raíces sólo se desarrollarán bien en presencia del Oxígeno atmosférico, por lo que es de vital importancia plantar en un sustrato esponjoso, ligero, bien aireado (una de las razones por las que se añade fibra de coco y perlita a la mezcla de tierra). Si la tierra está muy compactada, la planta gastará demasiada energía en intentar que penetre la raíz y nunca tendrá un sistema radicular profundo, sino sólo superficial, lo que no permitirá un buen sostén ante vientos fuertes, y soportará mucho peor los períodos de sequía, obligándonos a regar continuamente. Otra razón de peso para favorecer las raíces profundas es que así obtendremos mayor porcentaje de plantas hembras, que son las que nos interesan.

Por todo ello, puede ser muy conveniente plantar en tiestos altos y estrechos para facilitar que la raíz principal profundice y limitar el desarrollo de las raicillas secundarias. Se le puede cortar el fondo a estos mismos tiestos y transplantarlos así a uno mayor o a un suelo bien trabajado, favoreciendo raíces profundas.
 

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También hay que tener en cuenta, sobre todo al llegar el verano, que el calor intenso (más de 30ºC) afecta muy negativamente a las raíces, pudiendo llegando a “cocerlas”, por lo que hay que procurar que los tiestos no se recalienten al sol. Algunos trucos para minimizar esto son: utilizar tiestos blancos en vez de negros, forrarlos con un material reflectante como el papel de Aluminio o incluso poner uno dentro de otro idéntico, lo que deja una capa de aire aislante entre ambos. También se pueden levantar los tiestos del suelo con unos separadores, para que corra el aire y la maceta no esté en contacto directo con un suelo recalentado. No está de más poner una capa de arlita (bolas de arcilla cocida que se suelen poner al fondo del tiesto como drenaje) por encima del sustrato, protegiéndolo de una excesiva evaporación del agua de riego.

Antes de regar, siempre hay que trabajar la superficie de la tierra, poniendo especial cuidado en rellenar la separación que queda entre la maceta y la tierra seca. Si no se hace así, las raicillas morirán y se tardará bastante en desarrollar nuevas. También el agua de riego se escurrirá con velocidad por el hueco sin mojar la tierra: creeremos haber regado sin que sea así, perdiendo tiempo y dinero. El otro extremo también es malo: si regamos en exceso, (uno de los errores más frecuentes del cultivador novato), la raíz no tendrá suficiente aireación, no se desarrollará bien, no absorberá bien los nutrientes y se acabará pudriendo. ¿Cada cuánto hay que regar?: lo mínimo necesario.

¿Lo mínimo necesario? Regar cuando las macetas no pesen y siempre antes de que se queden mustias.