Marihuana medicinal

Las propiedades medicinales de la Marihuana, ahora tan de relieve en periódicos y televisión gracias al ensayo que se quería llevar a cabo con la dispensación en farmacias de Cataluña (y digo quería, en pasado, porque parece ser que ha llegado el tío Paco con las rebajas, es decir, que la actual ministra de Sanidad, del PSOE, quiere limitar la dispensación al servicio de farmacia de determinados hospitales) no es un descubrimiento reciente. De hecho, hace poco ha fracasado un intento similar en Holanda (fracaso debido única y exclusivamente a los precios prohibitivos que el gobierno holandés, de derechas, ha impuesto a la marihuana vendida en farmacias: los enfermos, simplemente, preferían comprar su medicina donde ya acostumbraban, en las llamadas Coffee Shops, con mucha más variedad y precios sensiblemente menores, incluso con grandes descuentos a los pacientes que presentan una receta médica).

Aquí, en Cataluña, se consiguió (en Abril del 2001) que la clase política diese ese paso adelante gracias a la presión ejercida por sociedades como Ágata, donde al grito de “vomitamos todas o no vomitamos ninguna”, las enfermas con cáncer de mama reivindicaron su derecho a mejorar su calidad de vida con el uso de esta hierba. Les ayuda a soportar mucho mejor las sesiones de quimioterapia a las que se ven sometidas, sirve como antiemético (reduce los vómitos y nauseas producidos por la quimioterapia) y les devuelve el apetito. Ninguna se queda “enganchada”, es más, la gran mayoría, al acabar el tratamiento, no quieren saber nada más de la marihuana porque les recuerda la quimioterapia. Tampoco es de extrañar, ya sabemos que el cannabis NO produce síndrome de abstinencia. Sin embargo, la Generalitat (CiU) se excusó en la falta de competencias, trasladando la patata caliente al Gobierno Central, que de mano de la ministra de Sanidad Villalobos (PP), sólo autorizó el Nabilone®, que ni es marihuana ni un componente de la misma, dando gato por liebre a los enfermos. Un gato, que, cómo veremos más adelante, no lo quieren ni en su casa.

 
marihuanamedicinal
 

Es de destacar que el ensayo que aquí se va a llevar a cabo es con la hierba (pulverizada y en cápsulas, con lactosa añadida para que nadie se la fume), no con sus principios activos (THC, CBD, CBN, los llamados cannabinoides) sintetizados en laboratorio. Y es que la experiencia de los enfermos ha puesto de manifiesto que lo que realmente funciona es la droga en sí, el cannabis en bruto, con todos sus componentes trabajando sinérgicamente, no los medicamentos patentados como el Nabilone®, un medicamento desarrollado por la compañía Eli Lilly & Co (de la que era director y principal accionista George Bush padre) que no está aprobado ni en su país para uso en humanos (mató a los perros utilizados en los ensayos). Es un cannabinoide sintético, no presente en la planta, que se desarrolló para tratar el síndrome de abstinencia del cannabis. No repararon en que el cannabis no produce dependencia física, por lo que su invento era inútil. Más tarde, bajo la administración Reagan, y con la esperanza de detener la demanda de cannabis medicinal en su estado natural, sacaron el Marinol®, esta vez sí aprobado por la FDA, THC sintético, idéntico al que contiene la planta, pero sin los efectos terapéuticos y psicoactivos que ofrece la planta, donde hay otros compuestos (CBD, CBN, terpenoides, flavonoides…) que también actúan conjuntamente. Es un sustituto imperfecto y de mala calidad de la marihuana medicinal. Además, es carísimo. La moto que se empeñan en vendernos, contra toda lógica y evidencia, es que se han de usar medicamentos patentados (como poco, menos eficaces) que dejan pingües beneficios a las compañías farmacéuticas y la razón que hay detrás es que, si utilizas la droga natural, que no pueden patentar, no pasas por caja. Mal que les sepa, la planta es más eficaz que la administración de sus componentes aislados.

El camino a seguir por las compañías farmacéuticas está claro: imitar más a la naturaleza: el medicamento Sativex®, de la Bayer, ya es un extracto de la planta y contiene, además de THC, CBD (a partes iguales) y, en menor proporción, otros cannabinoides y aromas presentes en la planta. Curiosamente, en los documentos entregados para su aprobación, lo asimilan a la marihuana, apropiándose del argumento de que en 5.000 años de uso médico de la marihuana nunca ha provocado ninguna muerte. Pero las imitaciones son eso, pálidos (y caros) reflejos del original. La marihuana sólo te puede matar si te caen varios kilos en la cabeza desde un 5º piso. NO es cierta la teoría de la escalada (el fumar porros no te lleva a la heroína más que el tomar café o el jugar a los bolos). Y el mayor peligro que conlleva es acabar en la cárcel, donde sí te convertirás en un drogadicto de verdad (y en delincuente, si no lo eras). No existen víctimas de la marihuana, existen víctimas de las leyes contra la marihuana. Recordemos, la marihuana no es ilegal por ser mala, es mala por ser ilegal. Los chinos ya cultivaban el “Ma” (cannabis) en el siglo XXVII a.C. para obtener fibra y medicinas. Buenos humos.

Si tú mismo o algún conocido va a ser sometido a quimioterapia, sufre dolor, esclerosis múltiple, fibromialgia, SIDA o glaucoma, deberías considerar el informarte. En Barcelona tenemos la asociación A.R.S.E.C., donde la Dra. Jimena Fiz, atiende consultas médicas los lunes por la tarde en la C/ Parc, 3, entlo. 1ª. Llamar antes al teléfono 933023755.

También puedes buscar en Internet lo que dice el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona al respecto.

Bibliografía utilizada. Para saber más:

Curar con Marihuana, de Ignasi Peña. Editorial Megamultimedia

Manual médico de la Marihuana, de Rosenthal, Gieringer y Mikuriya, Editorial Castellarte

Marihuana: la medicina prohibida, de Grinspoon y Bakalar, Editorial Paidós

El emperador está desnudo, de Jack Herer, Editorial Castellarte

Medicina y cannabis, Varios Autores, Editorial Megamultimedia