Lo mal montado que está esto

Lo mal montado que está todo, menos para algunos, que saben lo que hay, y nos lo cuentan de otro modo (este rollo no irá sobre hierba, utilizo alguna palabra malsonante y es algo deprimente, avisado quedas).

Conozco a un hombre feliz. Pero no siempre lo ha sido. Hasta no hace mucho, vivía angustiado, trabajando para otros (como la inmensa mayoría), siempre intentando dar más a la empresa, sabiendo que la empresa es insaciable y que nunca se dará por satisfecha, salvo momentáneamente, lo que resultará en el listón puesto más alto. Hasta que no llegues y te dejes en él los dientes. En los tiempos que vivimos y en los que están al caer, si no quieres engañarte a ti mismo, deberías tener claro que no existe tal cosa como el agradecimiento a la lealtad y dedicación exclusiva. La empresa, bien o mal, te compra eso cada mes con tu salario. Admítelo, y lo encajarás mejor cuando prescindan de ti o te arrinconen. Que es lo que acabará pasando, en estos días de acoso laboral y deslocalizaciones.

 
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Has de tener claro que eres simplemente una puta vendiendo, si no tu cuerpo, una buena porción de tu tiempo de vida, junto a tus sueños e ilusiones. O peor que eso, porque seguramente cobrarás menos y pagarás más impuestos que una trabajadora del sexo. Si no eres muy listo, estarás contento y engañado con las migajas y algunas baratijas brillantes (una comisión que no tendrás tiempo de disfrutar, un ordenador portátil con el que deberás informar continuamente estés donde estés y a la hora que sea, un teléfono móvil con el que estarás siempre localizable y que, mediante la tecnología GPS, indicará realmente donde estás en cada momento, la tarjeta de crédito de la empresa que sólo te ha de servir para pagar hoteles y coches de alquiler, o comidas con clientes). Si eres particularmente tonto, esto te servirá para sacar pecho. Pregúntate por que tu jefe intenta evitar viajar en medida de lo posible cuando te haga pasarte media vida en los aeropuertos. Puedes llegar a ser tan fatuo como un pavo real y presumir de lo que te valoran, cuando no ves lo muy vendido que estás. Lo más que puedes aspirar es a ser una puta cara. Los menos tontos se dan cuenta de esto, no aceptan responsabilidades, esquivan los ascensos y conservan parte de su vida para sí mismos, yéndose a casa a su hora. A los otros, los he visto llegar a enorgullecerse de que sus hijos pequeños no les reconozcan. En el colmo del despropósito, se llegan a pasar muchas más horas de las productivas en tu puesto, aunque no se esté haciendo nada. Es importante dejarse ver, porque es lo apropiado.

No se te ocurra destacar. La mediocridad es la norma y te servirá mucho más leer a Maquiavelo y aprender de intrigas palaciegas que no ir de frente. Verás como tus éxitos pasarán a tener otros padres, y te convertirán en el responsable de sus fracasos. Cuando te toque arreglar lo que otros han estropeado, a pesar de haberles avisado que eso era lo que iba a pasar, te quedarás estupefacto cuando adopten como suyo el plan de acción que propusiste al principio y que rechazaron.

La salida, desgraciadamente, no está al alcance de todos. Unas veces por barreras económicas (hay que pagar cada mes el colegio de los niños, la hipoteca, el préstamo del coche nuevo, …por eso te animan siempre en tu trabajo a que te metas en cualquier cosa que te haga más servil, temeroso y dependiente… y verás cómo no te atreves a protestar). Otras veces, por razones psicológicas (el miedo al cambio, al salto al vacío, a ver que va a pasar si no me va bien,… como los niños que aprenden a nadar y no se deciden a tirarse a la piscina que cubre, hasta que el monitor les empuja). La cultura de empresa ya te irá inculcando que no hay vida fuera de ella. No es cierto. Pero sólo los que se ven forzados al cambio descubren que muchas veces es para mejor.

Expongamos algunas de las diferentes salidas que puedes tomar si no te gusta el cuadro que te he pintado:

1.- Quedarte donde estás, aprendiendo técnicas de meditación Zen para vaciar tu mente y así asimilar y aceptar filosóficamente lo que te pueda caer, esperando que llegue la jubilación. El escapismo mental parece útil, pero esto es jugar al empate y jugando al empate, tarde o temprano se pierde. Por el mismo precio, también puedes intentar reencarnarte en un rico heredero en tu próxima vida.

2.- Tirarte al monte en plan anacoreta, a vivir sin luz eléctrica ni agua corriente. Parece impracticable, pero conozco al menos un caso (no he ido a buscarlo, baja del monte de tarde en tarde). Supongo que hay que estar hecho de una madera especial. Si te va más la ciudad, puedes plantearte hacerte okupa.

3.- Jugar a juegos de azar, buscando un premio de los de anuncio de que te cambia la vida. Muy improbable, pero a alguien le debe tocar. Esto lo puedes hacer de forma simultánea a todas las otras salidas. Si tienes la alegría, Hacienda procurará que no dure demasiado más allá del primer año.

4.- Emigrar a un país bananero donde la fruta esté al alcance de la mano y el nivel de vida sea muy asequible. Si es posible, con sueldo o pensión de país desarrollado, que dará para vivir por encima de la media. Pero igual te secuestran.

5.- Downshifting, que es la palabra inglesa que viene a describir cuando alguien, voluntariamente, deja un trabajo bien remunerado y con mucha responsabilidad para pasar a ejercer otra actividad más “humilde” y pausada, en pos de una mayor calidad de vida, aunque baje su nivel. Lo que se llama aprender a disfrutar de las cosas sencillas.

Seguro que se te ocurre alguna más. Si es buena, ven a contármela, que tal vez me pueda interesar.

Buenos humos.