Cultivo en interior

Cultivo de cannabis en interior: ¿cómo montar uno?, ¿cómo empezar?

Lo primero que necesitamos es el espacio que le vamos a dedicar. Lo ideal es disponer de una habitación que podamos dedicar exclusivamente a nuestro jardín. Si no se dispone de una habitación al completo, nos podemos plantear la adquisición (o la construcción) de un armario de cultivo. Yo no soy muy partidario de cultivar en armario, por el espacio limitado y la mayor inversión que supone (aproximadamente el triple de lo que cuesta empezar sin armario). El armario, en mi opinión, sólo se justifica cuando se ha de utilizar esa habitación con otros usos diarios, como, por ejemplo un dormitorio. Las plantas necesitan de noches de 12 horas totalmente oscuras sin interrupción en floración y, en crecimiento, de 18 horas al día de iluminación intensa, cosa bastante molesta si hemos de compartir ese espacio. O sea, lo mejor es dedicarles una habitación. Sólo si esto no es posible nos plantearemos el armario.

Supongamos que disponemos de esa habitación. Hay que despejarla de trastos, buscar un hueco de ventilación para renovar el aire de la habitación mediante un extractor, limpiarla a fondo y pintar las paredes de blanco mate (el blanco brillante tiene un barniz que absorbe luz, nos interesa que se refleje al máximo).

Lo más usual es cultivar en una esquina del fondo de la habitación (disponemos de dos paredes que nos reflejarán la luz) e ir ocupando más espacio a medida que las plantas crecen y se ramifican.

Necesitaremos:

  1. Una lámpara de alta presión de Sodio (de 400 w como mínimo, mejor de 600 w que es más eficaz) que nos hará las veces de sol. La colgaremos del techo con poleas o de alguna forma que podamos regular su altura. Con cualquier otro tipo de luz no podremos hacer el ciclo completo y obtener buen rendimiento, así que olvídate de aprovechar halógenos o similares.
  2. Un extractor de aire tubular (son potentes y silenciosos, no es buena idea utilizar los de cocina o de lavabo) y un par de ventiladores, que nos harán de sustituto del aire y el viento. El extractor debería coger el aire caliente y viciado (las plantas “comen” anhídrido carbónico CO2 del aire para liberar oxígeno, si no se renueva el aire, se agota el anhídrido carbónico CO2 y las plantas no pueden seguir creciendo por mucha luz, agua y alimento del que dispongan) de un punto alto, por encima de la lámpara, y expulsarlo fuera de la habitación de cultivo, por ejemplo a través de una ventana hacia un patio interior. Eso hará que entre aire nuevo. Los ventiladores tienen la doble función de agitar las plantas (para fortalecer sus tallos y renovar el aire alrededor de las hojas) y de romper las posibles “bolsas” de aire caliente, por ejemplo debajo de la lámpara, permitiendo así acercarla más a las puntas de las plantas sin que estas se quemen. Es mejor que uno sea de suelo y el otro de pie, de altura regulable. El primero refresca las partes bajas de las plantas y el segundo se enfoca hacia el espacio justo debajo de la bombilla, para eliminar calor y agitar las puntas de las plantas. Todo lo que ahorremos en ventilación y extracción lo perderemos en rendimiento y lo ganaremos en problemas.
  3. Un temporizador, para que el montaje se encienda automáticamente durante 18 horas en crecimiento y 12 horas en floración. Que sea fiable.
  4. Un ladrón de varias tomas de corriente, por lo menos cuatro, para la lámpara, el extractor y los dos ventiladores. Irá enchufado al temporizador.
  5. Macetas y platos. Los platos se pueden sustituir por bandejas de plástico sin agujeros de drenaje o por cajas de plástico con ruedas (de las de guardar cosas debajo de la cama), que permiten mover las macetas para limpiar más cómodamente. Lo importante es que no caiga agua del riego al suelo.
  6. Semillas: ya que vamos a hacer una pequeña inversión, no tiene sentido gastar luz, tierra, abonos, trabajo, esperanzas, tiempo y, lo más preciado, el espacio, en semillas no garantizadas. Queremos estar seguros de que lo que plantamos va a tener buen sabor y efecto. Un sobre de 10 semillas normales cuesta desde 16€, las feminizadas el doble que las normales, pero lo ahorramos en el espacio y los cuidados que no dedicaremos a machos. Elige unas de precio medio, las más caras suelen ser también más difíciles de cultivar. No plantes cualquier cosa o tendrás muchas posibilidades de quedar decepcionado.
  7. Tierra: ha de ser muy fértil y con buen drenaje, no vale cualquier tierra universal. La marihuana es una planta muy exigente en cuanto a nutrientes y no soporta los suelos encharcados. La mejor tierra es una que contenga una tercera parte de humus de lombriz, que esté esponjosa y aireada y que drene bien. Si la tierra es buena, ahorrarás trabajo y problemas.
  8. Abonos: mínimo uno de crecimiento y uno de floración, la marihuana quiere más nitrógeno cuando crece y más fósforo y potasio cuando florece. No vale cualquier abono, es mejor que sea específico para cannabis o el sabor final puede ser horrendo. Mejor si son orgánicos.

Hay más cosas útiles (cómo un buen manual de cultivo o una tijera de poda), pero con todo lo enumerado (y una regadera) ya se puede empezar. Controlando un poco los recursos disponibles (por ejemplo, pedir prestados los ventiladores ahora que nadie los usa), se puede tener todo el montaje básico desde unos 300 a 360 euros. Ni que decir tiene que la calidad y el precio de coste del producto obtenido por uno mismo para su propio consumo amortiza rápidamente la inversión inicial y el incremento de la factura de la luz (mayor en crecimiento, menor en floración). Hay que dedicarle un poco de trabajo, pero, sobre todo al principio, es casi hipnótico contemplar cómo crece el jardín día a día. Seguro que se te ocurre alguna afición menos entretenida, más cara y menos gratificante.

Ya lo tenemos todo: ¿cómo se hace?: en líneas generales, una vez montado, se siembran las semillas en macetas individuales bajo la lámpara. La lámpara (y el extractor y los ventiladores) estarán encendidos 18 horas al día durante todo el crecimiento (mínimo un mes, mejor dos). Se riegan las macetas con abono de crecimiento según necesidad.

 
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Después se cambia el temporizador a 12 horas diarias de luz y 12 de oscuridad. Esto hace creer a las plantas que se avecina el invierno de golpe y que tienen que florecer. Para que lo hagan lo más rápido posible, es muy importante que sus noches sean totalmente oscuras (por ejemplo cerrando la puerta de la habitación de cultivo cuando se apaga la lámpara). Se eliminan los machos, dejando sólo las hembras (así obtendremos cogollos de hierba sin semilla, a diferencia de los de exterior). Se riegan con abono de floración según necesidad. Depende de la variedad, estarán listas a los dos, tres meses de haber cambiado a 12 horas diarias. Después de secarlas, viene la mejor parte.

Este simple esquema, sin forzar mucho las condiciones y con un mínimo de trabajo nos permite recoger dos cosechas al año, parando en Agosto, ya que suele hacer demasiado calor para plantar en interior (a menos que te cuentes entre los privilegiados que disponen de aire acondicionado). Existen formas de hacerlo en continuo, pero eso mejor te lo explico si te pasas por la tienda.